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Toros de Niño de la Capea, de gran juego.
Andy Cartagena, oreja y oreja.
Diego Ventura, oreja y oreja con petición de otra.
Leonardo Hernández, oreja y ovación tras petición.
Se cerró la Feria de Hogueras con una corrida de rejones, festejo que tradicionalmente abría el serial o se daba en sus primeras fechas y que en esta ocasión se utilizó para abrochar el abono.
En cualquier caso, como casi siempre, resultó triunfal y la mucha gente que acudió a la plaza se divirtió.
También los rejoneadores actuantes gozaron de un buen encierro de Niño de la Capea, y los toros lidiados con los tres hierros de la casa -Carmen Lorenzo, San Pelayo y Pedro y Verónica Gutiérrez- tuvieron buen son y permitieron lucir a sus matadores.
Aunque también hubo lugar para los sustos, como el que dio Leonardo Hernández al resbalar su caballo Espartaco y caer ante la cara de su primer toro. Afortunadamente no hubo que lamentar desgracias y el joven rejoneador madrileño terminó llevándose una oreja de ese astado por una labor pausada y limpia llevada a cabo en un palmo de terreno y sin necesidad de grandes galopadas.
Perdió la puerta grande al demorarse con el rejón de muerte tras otra actuación ante el sexto en la que dio todo frente a otro toro bravo y acometedor que no se lo puso fácil.
Andy Cartagena paró con temple a su primero clavando luego arriba y al estribo, dejando llegar mucho al toro. Combinando clasicismo y espectacularidad y luciendo a lomos de Bético, Magno y Pericalvo.
También estuvo elegante y sobrio en el primer tercio de su segunda faena, cambiando de registro al banderillear y prodigando ya su exhuberancia hasta el final de su actuación, clavando al violín, a dos manos o adornándose con o sin toro.
Diego Ventura estuvo desigual con los rejones de castigo con que recibió a su primero, subiendo de tono en banderillas y dando mucha fiesta a la gente. Pero fue con el quinto cuando puso en pie al público, sobre todo con el humillante numerito de los mordiscos de su caballo Morante al toro, empañando así una actuación entregada y vibrante.
Paco Delgado
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