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Cinco toros de Puerto de San Lorenzo y uno, quinto, de La Ventana del Puerto. Bien presentados y de gran juego en conjunto.
El Cordobés (de verde parra y oro), oreja y oreja con petición.
Rivera Ordóñez (de burdeos y oro), oreja y oreja.
Cayetano (de espuma de mar y oro), silencio y oreja tras aviso también con petición de otra.
Tres cuartos de entrada.
No tuvo nada que ver la función del día de San Juan con la de ayer, y si el día fuerte de las fiestas de Alicante todo salió mal, veinticuatro horas después el panorama cambió radicalmente.
Tampoco se llenó la plaza -hay que recordar que la gente ya curra- pero el público, que no aficionados, que cubrió las tres cuartas partes del aforo, disfrutó de lo lindo con lo hecho por los toreros, especialmente con Manuel Díaz “El Cordobés” y Francisco Rivera Ordóñez. Dos ejemplos: al primero le gritaron ¡torero, torero! cuando comenzó a dar cabezazos al toro e interpretar el salto de la rana, y al segundo le aplaudieron a rabiar hasta un muy vulgar tercio de banderillas.
Los aficionados, ayer en minoría, se encontraron en cambio con una gran corrida de Puerto de San Lorenzo, bien presentada, que peleó con ganas en el caballo, dejándose dar muy duro y teniendo luego todavía energía y motor para arrancarse de lejos y embestir de manera incansable, con nobleza y recorrido, componiendo, en conjunto, el mejor encierro de la feria.
Sus matadores no se salieron del guión, si bien el mayor de los hermanos Rivera Ordóñez tuvo fases de más reposo y templanza de lo que en él es habitual, aunque le costó mucho cruzarse y terminó siempre de cara a la galería y el pequeño, que parece no progresar y estar atascado, sólo dejó muletazos aislados. El Cordobés, a su aire y fiel a su estilo, se metió a la gente en el bolsillo ya al hacer el paseíllo y le consiguieó una oreja para su primera faena, que no fue precisamente un prodigio de técnica ni ortodoxia ante un toro muy codicioso al que toreó muy deprisa y embarullado.
Y otra se le procuró a Rivera Ordóñez de su primero, un toro noble que acabó acusando el duro castigo que recibió en el caballo y al que muleteó sin apreturas aunque sí con muletazos templados, reposados y de buen trazo.
También el primer toro de Cayetano notó lo fuerte que le dieron en varas. Aún así tuvo motor y cierto recorrido en sus primeras embestidas, permitiendo a su matador lucirse en un par de tandas sobre la derecha antes de ir apagándose paulatinamente.
Una oreja más se llevó El Cordobés del cuarto, otro gran toro que se arrancó de muy lejos y persiguió incansable la muleta. Con él compuso una primera parte de faena en la que procuró ligar y templar los muletazos antes de dar rienda suelta a su incontenible tremendísimo.
Con él salió a hombros el mayor de los Rivera Ordóñez, que obvió el toreo de capa y dejó a su cuadrilla banderillear al quinto. Pero en el último tercio volvió a estar muy asentado, llevando con temple y suavidad a su oponente, aunque tampoco terminó de comprometerse, dejando mucho hueco entre él y el toro y torendo al final, ya descaradamente, de cara a la galería.
Cayetano fue finalmente el único que salió por su pie, aunque también le pidieron la segunda oreja tras una faena más entregada que cuajada al sexto, otro toro que se rompió en varas pero que, pese al palizón, conservó pujanza suficiente para permitir lucir a su matador.
Paco Delgado
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