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Cinco toros de La Campana y un sobrero, tercero, de Juan Pedro Domecq, bastos y desiguales, sin fuerza y muy deslucidos.
Luis Francisco Esplá (de azul noche y oro), ovación y gran ovación.
Morante de la Puebla (de teja y oro), silencio en su lote.
Sebastián Castella (de salmón y oro), ovación y silencio.
Manolo Molina y Domingo Navarro destacaron en las cuadrillas..
Casi lleno.
Sonó muy desafinada, o incluso no sonó, La Campana en la corrida estrella de Hogueras y los toros de José Sánchez Benito, destartalados, sin fuerza ni clase, deslucieron totalmente una función que se había preparado para que fuese una gran fiesta, la del adiós de Luis Francisco Esplá a esta feria y a esta plaza. Pero ya se sabe que el toro al final todo lo descompone.
El veterano maestro alicantino fue ovacionado al romperse el paseíllo y también se hizo aplaudir al recibir de capa al primer toro, serio y muy cuesta arriba. Banderilleó con mucha exposición y riesgo pero nada más iniciar su faena de muleta el toro se echó y decidió no embestir más. Todo lo tuvo que hacer él para parear al cuarto, otro toro parado y sin gas que le perdonó cuando el diestro resbaló en su cara y el astado también se fue al suelo. Brindó a sus hijas este su último toro en Alicante, soso y deslucido sin que su trasteo, pese a sus muchas ganas, pudiese coger altura ante la falta de colaboración de su oponente.
Menos opción todavía tuvo Morante, cuyo principal, y casi único, logro, fueron las verónicas con que saludó al quinto. Le costó mucho desplazarse al primero de Morante. Cortó en banderrillas y puso en apuros a los subalternos y aunque su matador intentó meterle en la muleta tuvo que desistir pronto ante lo imposible de su oponente. Se estiró al veroniquear al quinto, basto y áspero, lo mejor de toda su actuación. Derrochó voluntad para lucir en el último tercio pero sin lograr sacar nada positivo de un astado que entraba al paso totalmente desentendido y sin ninguna entrega.
El tercero perdió las manos de salida embistiendo de manera descompuesta y sin clase siendo devuelto ya en el tercio de banderillas. En su lugar salió un sobrero de Juan Pedro Domecq, escuchimizado, sin clase ni fuerza que permitió a Castella una faena insistente, carente de emoción. Intentó llevar a los medios al sexto, buscando evitar que se rajase, pero sólo pudo sacarle hasta el tercio, corriendo tras un toro que renunció totalmente a la pelea para al menos justificarse.
Paco Delgado
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