Valencia. Lleno de 'No Hay Billetes'. Jueves, 15 de marzo de 2007
 

Cinco toros de Alcurrucén, muy bien presentados y descastados en general. Mansos el 1º y 5º, manejable aunque a menos el 2º, manso enrazado el 3º, deslucido el 4º. Un sobrero de Martelilla (6º), desrazado y deslucido.

César Rincón, de morado y azabache: silencio tras dos avisos y silencio.
Enrique Ponce, de tabaco y oro: oreja tras aviso en ambos.
El Cid, de rojo y oro: oreja tras aviso y silencio.
En banderillas destacaron los Hnos. Tejero, y sobre todo Antonio Saavedra picando al segundo de la tarde.


Cumpleaños feliz. Un día antes de celebrar diecisiete años de alternativa Ponce se regaló una nueva puerta grande, y en Valencia lleva treinta y tres. Tiene 35 años, ha toreado casi 1.800 corridas, y diez temporadas consecutivas ha pasado de los cien festejos. Es un caso insólito en la historia, aunque no sólo por sus apabullantes cifras. Lo es porque mantiene intacta su frescura, su afición, su afán de superación, su hambre de triunfo. En todo ello se cimentó su último éxito.

No se conformó con justificarse ante dos toros deslucidos que se quedaban cortos sin raza ni gracia. Insistió e insistió, hasta se obstinó en triunfar y lo consiguió. Su primero parecía mejor, pero se acabó enseguida. Su segundo parecía peor y lo convirtió en mejor. Con los dos tuvo que echar mano de sapiencia y de recursos. Todo le salió ligado, sedoso, envuelto en fragante estética hasta convertir el toreo accesorio en fundamental belleza.

El Cid volvió a brillar toreando al natural a su primero. En esta ocasión no fueron tandas macizas ni completas, ni pudo torear tan pausado como quisiera porque el manso embestía con tanta transmisión como celeridad. Pero fue una faena emotiva, entregada, que fue creciendo en intensidad. Lástima que el toro tardase en caer. Con el sobrero de Martelilla, gazapón y de embestida descompuesta, nada pudo hacer.

No tuvo su día César Rincón, incómodo con el primero, que desparramaba la vista, y también con el cuarto, que se metía por dentro a partir del tercer muletazo.

CARLOS BUENO



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