Alicante Domingo, 21 de junio de 2009
 

Dos toros para rejones de Angel Sánchez y Sánchez, chicos pero buenos, y cuatro de Niño de la Capea, justos de fuerza pero manejables. El mejor, el sexto.

Hermoso de Mendoza, ovación y oreja.
Julio Aparicio (de carmín y azabache), ovación y silencio.
Cayetano (de marengo y plata, silencio tras aviso y oreja con otro aviso.

Menos de media entrada.


Pese a los, a priori, muchos atractivos y alicientes que presentaba el cartel, no funcionó el programa del segundo festejo del abono.
No funcionó en taquillas -la plaza registró menos de la mitad de su aforo, lo que da mucho que pensar en el tirón de algunos nombres considerados imprescindibles- y no funcionó en el ruedo, aún cuando el ganado lidiado -dos toros para rejones de Angel Sánchez y Sánchez muy terciados pero colaboradores, y cuatro de Niño de la Capea para lidia a pie también muy aprovechables, especialmente el sexto.
Pero el saldo final de la función - y con un público tan transigente y generoso como el alicantino- sólo contempló la concesión de dos orejas. La primera fue para el rejoneador navarro, que cumplió una labor técnicamente perfecta y demostró tener una cuadra larga y magnífica - Chenel, Icaro, Silveti, Caviar o Pirata fueron ayer los utilizados- perdiendo otro trofeo de su primero por hacerlo todo tan fácil que no llegó a calar en el tendido.
La segunda fue para Cayetano, que, a ráfagas, lució con el incansable y repetidor sexto, el mejor toro de la tarde, sin que acertase a medir la poca energía ni aprovechar la bondad del blando tercero, al que, además, mató muy mal.
Julio Aparicio, por su parte, estuvo siempre crispado y muy a disgusto con su primero y nada pudo hacer con el inválido segundo toro de su lote.

Paco Delgado


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