Castellón Jueves, 15 de marzo de 2007
 

Toros de Manolo González, desiguales de presencia y justos de fuerza.

Javier Conde (de negro y oro), bronca y ovación tras aviso.
César Jiménez (de blanco y oro), dos orejas y dos orejas.
Manzanares (de rojo y oro), silencio y oreja.


Poco tuvo que ver la corrida de Manolo González triunfadora el pasado año en la Magdalena con la lidiada en la quinta entrega del presente abono castellonense. Un encierro desigual de presencia, con tendencia a la baja, muy justo de fuerza y sin grandes dosis de emoción pero que, con todo, dio ejemplares aprovechables, como el segundo de la tarde, que sirvió para César Jiménez, otra vez ceremonioso y afectado, se llevase dos orejas muy fáciles por una faena superficial y ligerita.
También el quinto tuvo tan poca fuerza como bondad y su matador tuvo que cuidarle mucho para mantenerle en pie y lucir sin apreturas antes de dejar una sensacional estocada que justificó en parte el excesivo premio de otras dos orejas.

El primer toro del festejo no se vio porque tampoco Javier Conde quiso saber nada de él y buscó congraciarse con el público con el manejable cuarto, con el que -aún con teatralidad y mucha parsimonia- tuvo momentos de inspiración en un trasteo muy largo e irregular.

José María Manzanares porfió mucho con su inválido primero y pudo desquitarse con el que cerró plaza, más alegre y con más motor, pero su labor, larga y tendida, tuvo más envoltorio que contenido.

Paco Delgado.


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