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Novillos de Montealto, muy bien presentados, algunos con hechuras de toros, nobles y de interesante juego.
-Fernando Tendero, que debutaba en la Maestranza, de malva y oro, silencio y saludos tras aviso.
-Román Pérez, de caña y oro, silencio tras aviso y silencio.
-Joao Augusto Moura, que debutaba en la Maestranza, de grana y oro, saludos y silencio tras aviso.
El debutante Fernando Tendero lo quiso hacer fácil con el noble, soso y flojo primero, y aunque sus formas están relacionadas con el valor y una determinada ambición, su buen concepto del toreo no alcanzó más cota que la de la disposición por agradar. Este otro Tendero, Fernando, dibujó el pase a derecha e izquierda, templado a veces, pero sin llegar a calar en el tendido. Incluso a los detalles de finales le faltaron prestancia. La faena al noble e interesante cuarto fue una síntesis de sus mejores cualidades: valor y disposición. Antes se fue a portagayola y se mostró vibrante con el capote. Después consiguió su mejor resultado con la espada, firmando un trasteo discontinuo, de medios pases y muy despegado con una contundente estocada. Pese a la ovación con la que se le premió lo hecho, la faena no tuvo coherencia.
A Román Pérez se le premió con la repetición tras lo hecho con el primer toro de su anterior actuación en esta plaza, porque con el segundo -ya quedó escrito- tuvo crisis de valor y de toreo. Crisis que le sigue y quedó demostrada en esta segunda y consecutiva tarde en la Maestranza. El novillero francés le realizó al segundo, un novillo con la embestida algo descompuesta pero que acudía a los engaños sin demasiadas complicaciones, un toreo sin dimensión, espeso, y a pesar de los muchos pases, por aquí y por allá, no encontró la forma de hilvanar un trasteo que distó muchísimo del que le vimos con el utrero de su presentación. Igual abundancia de pases empleó con el descastado quinto, al que toreó muy despegado, muy para fuera, aburriendo a quienes prefieren el trazo claro y definido y hacia dentro. Y es que los caminos del toreo raramente pueden ser lineales, y sobre todo desajustados hasta decir basta. A ambos los mató mal.
El también debutante, Joao Augusto Moura, tuvo en suerte al mejor novillo de la tarde, sin que lo hecho tuviera más interés que el de unas formas donde el temple es su objetivo. No obstante, el torero portugués acusó su falta de oficio. Quiso torear despacio con la capa y lo intentó con la muleta en la faena al buen tercero, sin conseguir continuidad en un trasteo donde tras los dos primeros pases el siguiente le resultaba punteado. Le faltó intención de dejarle el engaño para hilvanar las embestidas y no hubo formar de cogerle el son a la calidad del utrero de Montealto. El sobrino del rejoneador portugués Joao Moura dibujó el pase con buen trazo y buen concepto, pero sin llegar a estar a la altura que merecía la calidad del animal. Mató bien y fue ovacionado por muchos de sus paisanos. Al parado sexto, el peor de la interesante y bien presentada novillada de Montealto, le fue imposible darle no más de dos muletazos. A este lo mató mal.
Manuel Viera. SevillaTaurina
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