Valencia Martes, 13 de marzo de 2007
 

Cinco toros de Los Chospes (2º bis) bien presentados pero descastados en diferente grado. El 2º sacó mucho peligro, 1º y 4º fueron los más manejables aunque sosos, y uno de Martelilla (5º) de muy buen juego. Media entrada.

Manuel Amador, de blanco y azabache: saludos tras aviso en ambos.
Fernando Cruz, de azul pavo y oro: cogido.
Ambel Posada, de granate y oro: silencio, oreja y silencio.

Fernando Cruz sufrió una cornada de 25 centímetros en el tercio medio de la cara anterior del muslo izquierdo que llega hasta la rodilla, afecta al paquete escrotal y diseca la arteria femoral.


Era una locura. Seguir intentando pegarle pases a aquel manso peligroso y traicionero no era nada aconsejable. Pero Fernando Cruz venía a triunfar a toda costa; lo necesitaba para ratificar los éxitos de la temporada pasada y comenzar esta con fuerza. Así es que atropelló la razón, desoyó la lógica, pretendió imponer su voluntad, que no era otra que sacar pases de donde no había.

El toro le había avisado ya en tres ocasiones en forma de coladas violentas y traidoras. Sólo parecía haber un camino: pegarle los muletazos de uno en uno y muy cruzado. Pero el torero pensó que si tragaba conseguiría ligar los pases, que aguantar era triunfar. Apostó y pagó la apuesta con sangre.

Fernando aún se estará maldiciendo por haber corrido turno en vez de hacer salir al sobrero de Martelilla cuando devolvieron su toro al corral. Quizá porque era martes y trece o porque el destino así lo marcaba. Lo cierto es que ese sobrero fue el mejor de la corrida, y posiblemente de lo que llevamos de feria, y Ambel Posada le cortó una oreja tras una faena que fue creciendo en intensidad y ligazón, planteada en el centro del ruedo, de muleta baja y pases largos. Faena larga con final un tanto embarullado que firmó con una buena estocada.

Nada demasiado reseñable salvo mostrarse voluntarioso pudo hacer con sus otros dos oponentes, muy flojo su primero y desrazado y bruto el último.

Manuel Amador llevó a cabo dos faenas intermitentes, con más pellizcos y chispazos de su personal tauromaquia la primera, y con un puñado de naturales gustosos la segunda.

CARLOS BUENO


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