Castellón Martes, 13 de marzo de 2007
 

Novillos de Alcurrucén, mansos aunque manejables.

Alejandro Rodríguez (de blanco y plata), silencio tras dos avisos en su lote.
Angel Teruel (de rosa y oro), ovación y silencio con aviso.
Palomo LInares (de crema y plata), silencio tras aviso y ovación.


La primera novillada de la feria de La Magdalena se solventó con un encierro de una de las ganaderías preferidas por las figuras y que se anuncia en todas las ferias: Alcurrucén. Sin embargo los productos lidiados en este festejo no respondieron a su fama. Mansos en los primeros tercios y aunque se dejaron en la muleta su comportamiento denotó falta de raza y escasez de casta.

Alejandro Rodríguez perdió una oreja de su primero por matar tarde y mal tras tras un trasteo templado y entonado y desde el palco le perdonaron el tercer aviso en el cuarto, al que compuso una faena de muy largo metraje y escaso contenido.

Angel Teruel muleteó a su primero con tanta elegancia como frialdad, perdiendo siempre mucho tiempo en colocarse no ya entre serie y serie sino entre un muletazo y otro, por lo que no llegó a calentar el ambiente. Con el más flojo y parado quinto sólo pudo apuntar detalles sueltos.

El nuevo Palomo Linares poco pudo hacer con su rebrincado primero pero anduvo muy firme y dispuesto con el complicado y a la defensiva sexto, sacando a relucir la casta de su estirpe, firmando una faena valiente y entregada que hubiese podido tener más eco si la gente no estuviese ya deseando irse a casa.

Paco Delgado


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