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Seis toros de Los Espartales, el tercero corrido como sobrero, bien presentados, justos de fuerza y manejables.
Rui Fernández, división de opiniones.
Andy Cartagena, oreja.
Sergio Galán, oreja.
Diego Ventura, dos orejas.
Joao Moura hijo, vuelta.
Leonardo Hernámdez hijo, ovación tras aviso.
El tradicional -e imprescindible, a tenor de la entrada: lleno- festejo de rejones de la feria magdalenera demostró que el relevo generacional en el escalafón es un hecho y los nuevos rejoneadores están ya en primera línea.
La función -en la que por enésima vez en esta feria y en esta plaza se lidiaron astados de Los Espartales- estuvo marcada por el parón de más de media hora sufrido al ser imposible llevar al tercer toro -devuelto por cojo- a los corrales y que, tras múltiples intentos, tuvo que ser descabellado en el ruedo por Sergio Galán.
Antes Andy Cartagena había cortado una oreja de un toro con poco fuelle y con el que todo el gasto corrió de parte del benidormí y Rui Fernández no pasó de discreto con el andarín primero.
Luego Galán llevó a cabo una labor impecable que le valió otra oreja y Diego Ventura calentó de nuevo el ambiente -muy frío tras el ajetreo del toro devuelto que fue a los corrales- y, con su habitual teatralidad, obtuvo dos orejas tras una actuación en la que paró con temple y clavó de frente y arriba.
Joao Moura hijo pasó sus apuros con un toro con muchos pies y al que dejó crudo con un sólo rejón de castigo, mientras que el nuevo Leonardo Hernández puso un brillante colofón con un rejoneo clásico y elegante, dejando llegar mucho a su oponente y clavando también en todo lo alto. Fue una lástima que perdiese los trofeos al fallar, pie a tierra, con el verduguillo.
Paco Delgado
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