Valencia Lunes, 12 de marzo de 2007
 

Toros de Samuel Flores, 3º,5º y 6º con el hierro de Mª Agustina López Flores, desiguales de presentación y mansos. Destacó el 1º. 5º y 6º fueron tan manejables como sosos. Dos tercios de entrada.

El Califa, de morado y oro: vuelta al ruedo y oreja con petición de la segunda.
Luis Miguel Encabo, de azul rey y oro: silencio tras aviso y silencio.
Tomás Sánchez, de verde botella y oro: silencio y silencio tras aviso.


Si el toro debe ser el animal fiero, o dócil pero con transmisión, si la misión del toro es embestir con dureza, o con nobleza acompasada, si el toro debe poner al torero en dificultades, u ofrecerle facilidades cuando se le hacen las cosas convenientemente, si el toro es quien convierte en héroe a su matador, entonces lo de esta tarde no fueron toros. Cuidadín, entiéndase la cosa hablando en general, porque hubo alguna excepción, siendo conformistas la hubo.

Ni tan siquiera la presentación de los de Samuel Flores fue la oportuna para Valencia. Los hubo demasiado disparejos de tamaño, y pese a que alguno exhibió generosa cornamenta, ésta era excesivamente gacha para una plaza de primera. Y lo peor no fue eso, sino que aquello era un muestrario de mansos que ni embestían ni creaban peligro. Na de na.

Con tal material, El Califa fue el único que pudo llevarse el gato al agua, pues firmó dos trasteos interesantes. Del primero, al que mató mal, hay que destacar dos magníficas tandas al natural, y del segundo la codicia con que persiguió a su oponente cada vez que intentaba huir a tablas. Lo hizo sin respiro, dejándole la muleta en la cara hasta extraerle pases más largos de lo imaginable en principio. Fue una lección de pundonor, de raza y de ambición.

Tomás Sánchez pechó con el peor lote. El primero no quiso embestir ni una sola vez, y el segundo salía distraído de cada pase con la cara alta y sin apenas recorrido, y Encabo se mostró pulcro y con recursos, pero no pasó de tibio y no acabó de conectar con el tendido.

CARLOS BUENO



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