Castellón Domingo, 11 de marzo de 2007
 

Toros de Palha, bien presentados, bravucones y sin terminar de romper.

Pepín Liria (de purísima y oro), ovación tras aviso y ovación.
Juan José Padilla (de blanco y oro), palmas y silencio.
Paco Ramos (de celeste y oro), oreja tras aviso y palmas tras otro aviso.


Comenzó la feria de La Magdalena de Castellón con una corrida de la que no se puede decir que fuese entretenida para el público ni, desde luego, agradable para los diestros que actuaron en la misma.

Se lidió un encierro de Palha, bien presentado, muy parejo, excepto el anovillado cuarto, que no se empleó en el caballo en general y que, en conjunto, no acabó de romper.

La única oreja de la tarde fue para Paco Ramos tras acabar con el primer toro de su lote. Un astado que apretó hacia adentro en banderillas y que luego buscó el refugio de las tablas. El torero de Onda le plantó batalla ene se terreno y doblándose por bajo le fue sacando a los medios donde el toro se desplazó más aunque el torero no acabó de acoplarse a su ritmo y el toro le tropezó mucho el engaño. Pero mató con eficacia y el paisanaje le procuró esa oreja, la primera de la feria.

El sexto fue el que mejor peleó en el caballo, empujando y metiendo los riñones. Fue también un toro que exigía mucho y pedía mano bajo y mucho mando, lo que hizo paco ramos sólo en ocasiones, viéndose en otras desbordado por su oponente.

Se fajó valiente Pepin Liria con su primero, muy correoso y sin dejarle un momento de respiro, aunque el murciano terminó sometiéndole y tuvo una oreja en la mano, pero el de Palha se amorcilló y la gente se terminó enfriando.

El anovillado y escurrido cuarto llegó a la muleta rebrincado y con la cara alta, arrancándose pronto a la muleta de Liria, quien bajándole mucho la mano, le compuso una faena vibrante y de marcado acento derechista que no terminó, sin embargo, de redondear.

Juan José Padilla pasó sus apuros para banderillear a su primero, un toro más parado y que embestía a oleadas y con el que llevó a cabo una trasteo efectista, costándole mucho cruzarse y sin terminar de meterse con su antagonista.

Se lució al torear de capa y al banderillear al quinto, pero el toro, muy parado y pronto a la defensiva, no le dejó a Padilla otra opción que la del aliño.

Paco Delgado


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