Valencia Sabado, 09 de mayo de 2009
 

Cinco toros de Martelilla y uno, segundo, de Mari Carmen Camacho. Conjunto desigual de presentación, poca fuerza y menos juego.

Sànchez Vara (de celeste y oro), ovaciòn en su lote.
Iván Fandiño (de verde hoja y oro), silencio con aviso y ovaciòn.
Joselillo (de celeste y oro), ovación y silencio.

Un tercio de entrada.


La tradicional corrida con la que se celebra en Valencia la festividad de su patrona sigue sin recobrar el prestigio y brillo que tuvo en otro tiempo, sin que a su recuperación contribuyese tampoco este año la función organizada por Serolo para cubrir esta fecha. El encierro de Martelilla, ganadería que suele estar en ferias de postín y con carteles de importancia, era, a priori, lo de más interés de la combinación. Pero luego, tras no poco lío en los corrales y en los reconocimientos previos, y tras ser remendado con un toro de Mari Carmen Camacho, no dio apenas opciones. Fueron toros de muy desigual presentación, tapándose algunos por su más exagerada cornamenta, pero sin caja ni, desde luego, plaza. Por si faltaba algo tampoco tuvieron fuerza ni, peor, casta, parándose enseguida y sin querer casi nunca pelea.
Y tampoco sus matadores supieron o pudieron sacar nada de ellos. Lo más destacado de la tarde corrió a cargo de Iván Fandiño. Tampoco mucho: los lances a la verónica con los que recibió a su primero y una serie con la derecha, también a ese toro, antes de que el animal se rajase. Con todo, de no haber fallado con el estoque, la gente le hubiese proporcionado un trofeo. El quinto fue un astado brusco que no se definió en ningún momento, avisándole constantemente, hasta que terminó dándole una fea voltereta que puso fin a su faena.
Sánchez Vara estuvo voluntarioso con el capote e irregular con las banderillas. No se acopló con su noble y blando primero, el más potable de la tarde, siempre mal colocado, sin cruzarse y quitando muy rápidamente la muleta, y desistió enseguida con el cuarto, un toro que se ancló al suelo, nada más salir del caballo.
El colmo de la mala suerte fue para Joselillo, que se llevó, de largo, el peor lote de una mala corrida. Su primero embistió con la cara alta y sin clase, siempre a su aire y buscando las tablas, mientras que el sexto, muy protestado, se puso a la defensiva, haciendo inútiles los esfuerzos del torero por agradar.

Paco Delgado


Comentarios

Sin comentarios