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Toros de María Luisa Domínguez (5º bis) bien presentados, y desrazados en general. Destacó el segundo, y el quinto fue una alimaña. Más de un tercio de entrada
Paco Senda: silencio y saludos. José Calvo: oreja y vuelta al ruedo tras petición. Francisco José Palazón: silencio y silencio tras aviso.
El héroe calvo tiene pelo; en la cabeza e imagino que también en los cataplines. Y a tenor de lo que ha protagonizado hoy en la plaza, una vez más, debe tener mucho pelo para cubrir unos cataplines tan grandes. Sí, José Calvo tiene valor a raudales. Si es capaz de tragar lo que tragó y de jugársela como lo hizo pese a que torea de uvas a peras, es porque los tiene bien puestos.
Pero además, el valenciano es, muy posiblemente, el torero que más se siente, que más se rompe y que más se vacía toreando de cuantos pueblan el desmesurado escalafón de matadores del momento. ¿Exagerado? Afirmo que no. ¿Que por qué no torea más entonces? Ese es para mí uno de los grandes enigmas actuales de la humanidad.
No salió a hombros; porque la suerte suprema no fue todo lo ortodoxa que debería ser en una plaza de primera, porque la afición pidió el trofeo con más griterío que pañuelos -que es lo que recuenta el presidente- o por tacañería de éste. Todavía no estoy seguro del motivo, pero de lo que sí estoy convencido es de que no le hizo falta la Puerta Grande para que su actuación fuese memorable para todos cuantos la vivimos. Posiblemente no le sirva de consuelo, porque lo que Calvo necesita son éxitos tangibles que le avalen para ponerse en circulación. Sería una lástima que a este Calvo con tanto pelo no le diesen más chance. Sería una lástima para él y para los espectadores.
El valenciano templó de forma portentosa a su primero, al que llevó sometido en pases de mano muy baja. Ni un enganchón, ni un aspaviento. Rota la cintura, mentón hundido, acompañando las embestidas. Se gustó, disfrutó y exprimió al mejor ejemplar de una mala corrida. Fue la faena justa, medida, con sentido del ritmo y también de la intensidad, y justa fue la oreja concedida.
El corazón en un puño. Así se vivió la faena a su segundo, una alimaña que sembró el desconcierto en banderillas y que franela en mano parecía no tener un pase. Embestía a arreones, atropellando, revolviéndose por ambos pitones. Frente a tantos defectos, disposición, entrega, bizarría, épica? esas fueron esta vez las claves de su éxito. Se jugó literalmente la vida para robarle un manojo de pases inverosímiles, sobre todo al natural. No hubo tanda perfecta, ni profundidad, no la podía haber; hubo verdad y entrega desgarrada, hubo heroicidad, y eso merecía la Puerta Grande. Pero el estoque, los pañuelos o el presidente, o todo a la vez, se confabularon en su contra. No salió en hombros, pero éste no es del montón, y de los del montón ya estamos aburridos.
Salvando el mencionado ejemplar de Calvo, la corrida de Mª Luisa Domínguez fue un catálogo de antibravura. Ni siquiera rememoró buenos tiempos pasados cuando su lucha con los montados era sinónimo de espectáculo. Y de entre lo menos malo, Paco Senda pechó con un toro que se dejó pegar pases, sin entrega, sin humillar, sin transmitir, pero al menos pasó (no digo embistió) por la muleta del otro valenciano del cartel. Fue el cuarto de la corrida, y esa faena fue creciendo cuando Senda se echó la muleta a la izquierda, pitón por el que el pedrajas iba más largo. Pero la sosería del animal impidió que su quehacer acabase de tomar vuelo. Ahora que, para sosería la del que abrió festejo, que se dejó las fuerzas y la raza en la dehesa.
Francisco José Palazón se llevó el peor lote. Su primero tuvo peligro sordo, y la faena del alicantino fue más que meritoria, y su segundo era un auténtico mulo que siempre pasó a media altura y además se quedaba cada vez más corto. Aún así, todo lo que hizo Palazón estuvo presidido por el buen gusto y la elegancia. No fue esta la oportunidad que necesita un torero de su clase. Tampoco éste es del montón, y ya dije que de los del montón estamos hartos.
Carlos Bueno
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