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Novillos de Falé Filipe, nobles pero deslucidos en general por su justeza de fuerzas. Un tercio de entrada
Daniel Luque, que sustituía a Oliva Soto: saludos y oreja tras aviso.
Pérez Mota: vuelta al ruedo tras petición y silencio tras aviso.
Alberto Gómez: silencio tras aviso en ambos.
No fue la novillada que se esperaba en Valencia después de la buena impresión causada en esta misma plaza el pasado año. Y no es que fuese mala, que por bondad y nobleza no quedó, pero lo cierto es que se echó en falta algo más de fuerza y un ápice más de raza. Un poquito, sólo un poquito más y la corrida era para cortar orejas a pares. Pero ese poquito faltó, como faltó en general un poquito más en cuanto a presentación para una plaza de la categoría de Valencia.
El único que consiguió un apéndice fue Daniel Luque, que demostró su solvencia y su oficio desde que se abrió de capa. Lástima que tuviese que cuidar al astado en vez de cuidarse de él. Aún así, consiguió hilvanar pasajes de indudable mérito y belleza estética, tanto toreando al natural a su primero, al que le costaba desplazarse, como imponiéndose en cercanías a su segundo, que se movió más pero duró poco. Su contundencia estoqueadora resultó proverbial para conseguir el trofeo del segundo de su lote.
También brilló por técnica y capacidad Pérez Mota, para quien se pidió la oreja del segundo de la tarde. A ese lo mató bien después de conseguir varios pasajes de toreo largo, y al quinto, un utrero con calidad pero poca fuerza, lo mató mal después de una faena de mérito. Aún así demostró estar cuajado y a punto para tomar las mayores responsabilidades.
Debutó con picadores Alberto Gómez, como es lógico todavía muy ayuno técnicamente. Pero el valenciano no se arredró en ningún momento ante el lote más complicado del festejo. Demostró tener valor y se entregó en todo momento. Ésta no resultó la oportunidad que él esperaba. Habrá que volver a verle.
Carlos Bueno.
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