Llegar en forma y con tiempo a los sitios tiene sus ventajas. Y, a veces, hasta placeres para el alma; cuando no, placeres para el estómago. Llegar con una hora, por lo menos, de anticipación a Castellón es, por ejemplo, empaparte de la fiesta callejera. Sufrir, también, algún petardo espontáneo, de esos que te hielan el corazón en un instante y que te corra un escalofrío por todo el cuerpo. Gajes de las fiestas valencianas. Así es, claro. No da el caso cuando coges el tren de las 15:20 horas, que llega a la nueva estación sobre las 16:45 horas. A tan solo 15 minutos del comienzo de la corrida. Ayer, por ejemplo, fue una odisea subir al tendido a esas horas. Las prisas de última hora no son buenas. Nunca. En ningún sitio. Pero a lo que iba. Llegarse con una hora de anticipación a los aledaños de la plaza, en pleno paseo Ribalta, es gozar del entremés de un espectáculo sin par y, gozar, así mismo, del ambiente callejero. Frente a la plaza, en el mismo Paseo Ribalta, o Parque Ribalta, tanto  monta, es costumbre de años montar tenderetes de venta de artículos taurinos. De todo tipo. A todos precios. Desde camisetas, reivindicando els bous al carrer, por ejemplo, hasta muñecos playmóbil vestidos de toreros, camiones en miniatura para llevar toritos de plástico, placitas de toros de madera...cuernos, muletas, capotes...y elementos accesorios de vestir con motivos taurinos, como pulseras, anillos, bolsos...escarapelas, divisas, carteles de toros...La oferta es muy …